Escuché aquellas palabras, "no son triunfos
si no tienes con quien compartirlos". En ese momento comprendí por qué
siempre me había sentido fracasada. En tanto tiempo, jamás había conseguido
compartir ninguno de mis "logros" con nadie. Los amigos siempre estaban
ocupados, la familia no lo comprendía. Y el amor... yo siempre había estado
cerrada al amor, simplemente podía más el miedo y me negaba a sentir
cualquier cosa referente a eso.
Estaba
sola y, en realidad, lo estaba porque quería.
Hasta que un buen día, él se cruzó en mi camino,
y sin querer comenzó a disfrutar conmigo de cada cosa, de cada sueño, de cada
deseo. Y fue inevitable que yo le compartiera cada pequeño logro, y entonces
comencé a darme cuenta de lo mucho que había logrado, de las grandes cosas que
había conseguido.
Pero no sólo eso, terminé por comprender que
podía conseguir mucho más, y que sin importar lo lejos que llegara ni las veces
que me cayera, él iba a estar conmigo. No supe si llamar a eso amor. Pero
definitivamente, encontrarlo a él había sido el mayor regalo que me podía haber
dado la vida, y también la lección más grande.