domingo, 28 de enero de 2018

Historias de madrugada

Escuché aquellas palabras, "no son triunfos si no tienes con quien compartirlos". En ese momento comprendí por qué siempre me había sentido fracasada. En tanto tiempo, jamás había conseguido compartir ninguno de mis "logros" con nadie. Los amigos siempre estaban ocupados, la familia no lo comprendía. Y el amor... yo siempre había estado cerrada al amor, simplemente podía más el miedo y me negaba a sentir cualquier cosa referente a eso.

Estaba sola y, en realidad, lo estaba porque quería.

Hasta que un buen día, él se cruzó en mi camino, y sin querer comenzó a disfrutar conmigo de cada cosa, de cada sueño, de cada deseo. Y fue inevitable que yo le compartiera cada pequeño logro, y entonces comencé a darme cuenta de lo mucho que había logrado, de las grandes cosas que había conseguido.

Pero no sólo eso, terminé por comprender que podía conseguir mucho más, y que sin importar lo lejos que llegara ni las veces que me cayera, él iba a estar conmigo. No supe si llamar a eso amor. Pero definitivamente, encontrarlo a él había sido el mayor regalo que me podía haber dado la vida, y también la lección más grande.